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Autor Tema: MDMA  (Leído 2435 veces)
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« : 10 de Julio de 2013, 10:26:24 »

Una versión modificada del éxtasis es capaz de matar células de leucemia, mielolma y linfoma

La popular droga fiestera, el éxtasis, puede curar algunos tipos de cáncer y representa una prometedora forma de tratamiento. Científicos ya sabían que el éxtasis podía matar algunas células cancerígenas, pero nuevos estudios con una versión modificada del éxtasis incrementaron este poderío hasta 100 veces.

Pruebas en laboratorio mostraron que esta droga puede matar la leucemia, el linfoma y el mieloma. La versión modificada del MDMA es efectiva en un 1g, con lo que la versión común tomaría 100 g, una dosis que difícilmente podría ser consumida sin efectos letales.

El profesor John Gordona, de la Universidad de Birmingham, le dijo a la BBC que este éxtasis puede acabar con el 100% de las células con estos tipos de cáncer, aunque enfatizó que el tratamiento todavía está lejos de poder difundirse.

El éxtasis es usado con efectividad en el tratamiento del síndrome de estrés post traumático que padecen muchos veteranos de guerra.

http://www.bbc.co.uk/news/health-14572284

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El éxtasis (MDMA) acaba con las pesadillas de la guerra


El MDMA parece ser lo más efectivo para acabar con el estrés post-traumático, los veteranos de guerra podrían hacer que se perimita el uso médico de esta sustancia cuyo diseño original tiene que ver con la empatía y la terapia emocional.

Antes de que el MDMA fuera llamado éxtasis como marketing callejero por los dealers, su nombre, revela Bruce Eisner, iba a ser “empatía” (algunas personas clasifican este tipo de drogas como empatógenos). Algunos de los primeros estudios científicos antes de que se prohibiera el MDMA eran encauzados a la terapia, particularmente entre parejas (“la droga del amor”: creando un espacio de calor y luz emocional, seguida de la posibilidad del éxtasis). Después se interrumpió el estudio científico como sucede cuando las drogas se vuelven ilegales.

Pero ahora, en un esbozo de renacimiento del estudio de las drogas psicodélicas, se contempla utilizar el MDMA para tratar el trastorno de estrés post-traumático (PTSD, por sus siglas en inglés), particularmente en veteranos de guerra. Un estudio publicado en el Journal of Psychopharmacology mostró que el 80% de personas que padecían PTSD, después de tomar MDMA y recibir terapia dejaron de cumplir con el criterio de este trastorno, mientras sólo el 25% de los que no tomaron MDMA y sí recibieron terapia pudieron superar el trastorno.

Según el estudio, lo que hace el MDMA es proveer una experiencia de lo que se siente la vida sin los efectos del trauma. En este estado un aprendizaje puede ocurrir, una asimilación, una reconciliación. El sistema político que conduce guerras como Afganistán o Irak (en el caso de Afganistá apropiándose de los canales del opio) negaba rotundamente el uso de este tipo de drogas psicoactivas, pero ahora hay tantos soldados padeciendo traumas por estas experiencias que el MDMA podría ser permitido para uso médico. De los raves a las oficinas de terapia.

Actualmente también se empieza a utilizar psilocibina para pacientes en fase terminal como una forma de “bienmorir”, terapia de Bardo Thodol. El LSD se está usando en estudios por su efectividad para tratar con los dolores de cabeza en racimo. El ayahuasca y el iboga en el tratamiento de las adicciones y en la curación energética del cáncer. Esperamos que el renacimiento psicodélico siga su curso; al menos que estas sustancias sean usadas como medicinas, la psiconaútica es válida, pero más importante aún es la posibilidad de una medicina energética psicodélica.

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El MDMA (o Éxtasis) ha pasado de ser una droga de fiesta a una droga de convivencia social para la generación Starbucks; sin embargo, su nueva presentación como “Molly” no hace menos peligrosos sus efectos adversos.



En el mundo de las sustancias ilegales y su relación con la investigación de la conciencia (o el simple entretenimiento y el simulacro de iluminación y comunidad que aportan), el nombre comercial de las sustancias juega un importante papel en la narrativa dentro de la cual se inscribe la sustancia y los usuarios. Los ravers de los 80 y 90 no andaban por ahí diciendo que toman 3,4-metilendioxi-N-metilanfetamina (MDMA) –tomaban “Éxtasis” o “M”, al igual que en los 70 los hippies no buscaban dietilamida de ácido lisérgico, sino LSD.

La última reencarnación del MDMA se comercializa como “Molly”, y su presentación ha variado también: el MDMA fue patentado por los laboratorios Merck en 1914 y no volvió a aparecer hasta los años 70, cuando se buscaron algunos usos psicoterapéuticos debido a la empatía que la sustancia produce en los usuarios. Euforia, cercanía y disminución de la ansiedad, el MDMA pasó de ser una droga de fiesta durante los 90 a ser una sustancia casi tan común como la cafeína en algunos círculos de la población neoyorkina, por ejemplo en los gestores de bolsa de Wall Street.

La leyenda negra del MDMA afirmó durante mucho tiempo que la sustancia producía Parkinson, depresión aguda y “agujeros en el cerebro”. El psiquiatra de la universidad de Harvard, John Halpern, afirma que esto es falso, y que la FDA ha aprobado que se investiguen los beneficios del MDMA en pacientes con estrés post traumático y control de ansiedad en pacientes terminales. “Una droga que de hecho mata células del cerebro –lo que no hace el MDMA– es el alcohol”, afirma. Esto, sin embargo, no quiere decir que el MDMA, aún en su nueva encarnación de Molly, sea una droga inocua o que deba tomarse a la ligera.


Molly viene como un polvo cristalino, lo que le ha dado la impresión de ser una forma más pura de MDMA a algunas personas que nunca habían probado ningún tipo de drogas. Además “Molly” en el nombre mismo tiene algo de infantil, maternal y seguro, como “Mary Jane” para la cannabis o “Lucy” para el LSD. Así, Molly se abre paso a gran velocidad no en la escena de la fiesta y el baile como en los 90, sino en una generación de profesionales jóvenes que realizan cuidadosas decisiones de compra sobre su comida orgánica, su café hiperpersonalizado y su ropa libre de texturas sintéticas.

El peligro sigue siendo confiar en que la sustancia que se consume sea lo que efectivamente dice ser: nadie puede comprobar a primera vista la pureza de una sustancia, y nuevos compuestos son probados tanto para generar nuevos efectos como para comprometer la pureza de una sustancia (la cual, según una vieja ecuación, es menos pura mientras más lejos se encuentre de su fuente de producción, como la cocaína, cuya pureza es inversamente proporcional a la distancia del comprador con Colombia.)

Otros peligros propios del MDMA son efectos secundarios como rigidez en la mandíbula, deshidratación, ansiedad, insomnio, fiebre, pérdida de apetito, además de hipertermia, espasmos, alta presión sanguínea y depresión durante los días posteriores a su uso, debido a la caída en los niveles de serotonina del cerebro (que son llamados por algunos “Suicide Tuesdays”, la resaca retrasada de la fiesta del fin de semana.) Por si sola, sin embargo, la sobredosis es poco común: sólo dos personas han muerto en Nueva York a causa del MDMA según un estudio en las salas de emergencia de Nueva York, entre 1997 y el 2000, aunque el uso de la sustancia se ha incrementado desde entonces.

Una dosis de Molly puede costar entre $20 y $50 dólares y es una droga de mayor aceptación social que la cocaína, puesto que no produce adicción física. La cocaína es sórdida, peligrosa y adictiva; la cannabis tiene un olor demasiado fuerte; Molly, en cambio, es una droga discreta, pero sería peligroso decir que es inocua: “Es cierto que [Molly] no es como la cocaína”, afirma Car Marnell, una antigua usuaria, “y no hace que te raspe la nariz, pero a veces la tomas y no puedes dormir o te pones muy enfermo. Con todo, es una droga dura.”

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Doctor canadiense considera que adultos responsables pueden beneficiarse del uso de éxtasis puro


El jefe médico de British Columbia considera que el consumo de MDMA puede ser efectuado de forma segura por adultos, ya que esta sustancia en su forma pura no es adictiva ni produce grandes daños al organismo

El Dr. Perry Kendall, jefe médico de la provincia de British Columbia, ha despertado controversia en Canadá por señalar que el éxtasis puro es una droga segura, que puede ser tomada, sin presentar grandes riesgos a la salud, por adultos responsables.

Kendall aclaró que no está llamando a que se legalice el MDMA (la sustancai activa del éxtasis) ni el gobierno de Canadá se lo plantea,  pero puntualizó que esta sustancia tiene un uso médico –como el tratamiento contra el estrés post-traumático– y en muchos sentidos es menos peligroso que el alcohol, una sustancia legal.

Kendall hizo énfasis en que se refiere al éxtasis puro –el cual no es adictivo–  y sólo para consumidores adultos.

“Deberíamos de acercarnos a un regimen regulatorio más basado en la evidencia que el que tenemos actualmente y decidir como sociedad cómo queremos controlar estas drogas, siendo que el control actual no es óptimo, en mi opinión”.

El éxtasis, como parte de un renacimiento de la medicina psicodélica, empieza a ser usado en el tratamiento de la depresión, ansiedad, dolor crónico, desorden de imagen corporal y en diferentes tipos de psicoterapia. Recordemos que esta popular droga, asociada a la cultura rave, en realidad iba ser llamada “empatía”, pero al marketing de la calle consideró más efectivo “éxtasis”. Empatía parece ser una descripción más acertada de lo que esta sustancia provoca en el cerebro (ha sido descrito en la literatura médica como un empatógeno). Sin embargo, las promesas de sentirse bien y conectarse con los demás que esta droga genera, deben de tomarse con cautela ya que actúa sobre la producción de serotonina del cerebro, el neurotransmisor que regula el estado de ánimo,  y un abuso, aunque no genere adicción, puede alterar el hábito natural de la generación de esta valiosa sustancia, casi oro neurológico.

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« Respuesta #1 : 10 de Julio de 2013, 10:32:42 »

El éxtasis puede curar (investigando el underground del MDMA medicinal)



Más que una droga recreativa, el MDMA parece tener su cauce natural en la terapia: empatía con la propia psique y el mundo que lleva a sanar

La revista de Oprah Winfrey tiene un reciente artículo en el que investiga cómo se ha satanizado el uso del MDMA (éxtasis) y cómo esta sustancia tiene un notable valor terapéutico. Es particularmente extraño que esta información provenga de Oprah Winfrey , quien anteriormente condenó esta sustancia en su show de TV, pero la periodista Jessica Winter ha hecho una de las más extensas investigaciones sobre la terapia underground del MDMA (la cual es ilegal), incluso tomando esta sustancia con un terapeuta y experimentando epifanías y una sostenida mejora en su vida. La lección es que el MDMA tiene su cauce natural, más que como una droga para bailar en los raves, como una sustancia para sanar, para crear empatía y aceptación.

El MDMA fue inventado en 1912 por la compañía alemena Merck, trabajando en un medicamento para detener hemorragias. Pero no fue hasta que Alexander Shulgin –el gran diseñador de psicodélicos- volviera a sintetizar el MDMA en 1976 –siguiendo el tip de una joven alumna- que la sustancia entró a la imaginaria popular. Shulgin tomó él mismo la primera dosis de éxtasis y dijo “Me siento absolutamente limpio adentro, no hay nada más que pura euforia”.

El MDMA fue prohibido en 1985, creando una escalada en la demonización de esta sustancia, generando la idea de que acababa con la materia gris del cerebro. La usuaria Lynn Smith inlcuso apareció en el show de Oprah Winfrey, exhibiendo resonancias de su cerebro que aparentaban ser pruebas conclusivas de los daños cerebrales que ocasionaba el MDMA. Sin embargo, hoy sabemos que en realidad lo que la imagen mostraba solamente eran variaciones en el flujo sanguíneo del cerebro.

El estudio más reciente y más amplio sobre el MDMA muestra que esta sustancia no genera daños cerebrales en su estado puro. Además, existe una serie de aplicaciones que se estudian para esta sustancia en el ámbito de la psicoterapia, incluyendo depresión, ansiedad, dolor crónico, desorden de imagen corporal y especialmente con personas que padecen el trastorno de estrés postraumático, para cuyo tratamiento ha probado ser inusualmente efectivo.

El MDMA produce una descarga de serotonina, dopamina y oxcitocina; también, coarta el centro que procesa miedo en el cerebro, la amígdala. Esto hace que un paciente en terapia de estrés post traumático pueda revisitar las memorias que lo atormentan o confrontar emociones dolorosoas sin sentir la aprehensión que generalmente siente, pero, a la vez,  sin los efectos sedativos de las drogas ansiolíticas. En el caso de los veteranos de guerra, que sufren también de dolores corporales, el MDMA es especialmente útil, ya que también reduce el dolor físico.

El psiquiatra de South Carolina Michael Mithoefer, publicará este año un estudio en el que 17 de 20 pacientes que sufrían el trastorno de estrés post traumático dejaron de cumplir los criterios para ser diagnósticados este trastorno después de solo 2 o 3 sesiones de terapia con MDMA.

“El protocolo fue no-dirigido”, dice Mithoefer. “Una analogía podría comparar al MDMA a los antibióticos. Un corto programa de antibiótiocs simplemente controla la bacteria por un tiempo suficiente para que el sistema inmunológico tome control y haga su propia curación. Podríamos decir que el MDMA parece ser un catalizador para otro tipo de proceso de curación.”.

La periodista Jessica Winter tomó también MDMA en un ambiente terapéutico, con resultados positivos en las siguientes semanas después de realizada la ingesta. ¿Se trata de una campaña en favor del MDMA, con agenda política incluida?

Recordemos que debido al marketing callejero, el MDMA se llamó éxtasis, cuando el nombre original iba ser empatía. Tal vez en este origen esté la clave del uso del MDMA, como un empatógeno, una sustancia que fundamentalmente abre los canales para relacionarse con el mundo y con la propia psique sin los miedos y atavismos que obstaculizan la libertad y la automanifestación. En este sentido habría que reformular la cultura en torno a esta sustancia, que probablemente ddebería de ser consumida de forma similar a la que se consumen las drogas psicodélicas: con poca frecuencia, en ambientes controlados y con una intención de trabajar psicoespiritualmente.

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Televisora inglesa administrará éxtasis en uno de sus programas



La televisora inglesa Channel 4 transmitirá un programa en el busca investigar el uso terapéutico del MDMA (o éxtasis) en la depresión, abriendo un interesante debate sobre las relaciones entre las drogas (un tema tabú en las sociedades occidentales) y el poderoso medio de formación de conciencias que es la televisión.

Entre las reglas éticas de las transmisiones por televisión una de las más respetadas es aquella que prohíbe toda muestra de consumo de drogas en la pantalla (en algunos casos incluso algunas socialmente toleradas como el alcohol o el cigarro). Una manifestación de una realidad mucho más profunda: el hecho de que las drogas son todavía un tabú respetado y temido en las sociedades occidentales.

Sin embargo, algunas cadenas inglesas han comenzado a contravenir esta regla. El Channel 4, por ejemplo, está por lanzar al aire una emisión en que se investigan los posibles efectos positivos del MDMA en el tratamiento de la depresión. Igualmente el mes pasado, la misma televisora pública transmitió en vivo un “rave” para “celebrar la historia de la cultura de la danza”.

En el programa se mostrarán resonancias magnéticas de personas a quienes, en vivo, se les administrará MDMA, intentando probar que esta droga puede aliviar la depresión sin necesariamente generar un estado alterado de conciencia. MDMA es la abreviatura para metilendioximetanfetamina y su denominación más conocida y popular es “éxtasis”.

 

Las pruebas estuvieron supervisadas por David Nutt, académico y antiguo asesor del gobierno británico en el tema de drogas, quien fue despedido del servicio público por declarar que las políticas gubernamentales en este asunto pocas veces se apegan a la evidencia que aportan estudios científicos.

Además de posibles consecuencias legales, las críticas se han enfocado sobre todo en la supuesta “glamourización” que la televisora está efectuando sobre la droga, rodeándola de un aura aceptable e incluso elogiable que usualmente no tiene y que, por el contrario, en el discurso hegemónico está lleno de significados negativos.

Esta, sin embargo, no sería la primera vez en que televisión y consumo de drogas se hermanan en una exhibición compartida. Ya en la década de los 50, en un capítulo de Panorama (programa de la BBC que se ha transmitido desde entonces), el Dr. Humphry Osmond se administró una dosis de 400mg de mezcalina, esto acorde con sus investigaciones psicológicas sobre el potencial terapéutico de los alucinógenos. Y aunque el capítulo nunca fue puesto al aire, al menos el antecedente existe (Osmond, por cierto, fue el mismo que administró la dosis de mezcalina a Aldous Huxley que suscitaría el libro The Doors of Perception).

 

Asimismo, pocos años después de este suceso, una supuesta “ama de casa” fue grabada mientras describía su experiencia con una dosis de LSD y, más recientemente, el actor Zach Galifianakis fumó marihuana durante un programa de debate sobre la despenalización de las drogas en Estados Unidos.

 

 

 

Ahora bien, siguiendo la argumentación de Ian Steadman, del sitio Wired, estos ejemplos pueden tomarse como otras tantas manifestaciones de las perspectivas enfrentadas con que una sociedad entiende las drogas, las prácticas irreconciliables con que algunos las intentan hacer parte de la cotidianidad y otros intentan, por el contrario, ignorarlas o negarlas.

En los 50 —escribe Steadman—, las drogas alucinógenas eran una cosa nueva para la mayoría de los médicos e investigadores, y las investigaciones miraban justamente hacia qué tan lejos podían llegar para expandir la mente humana. Galifianakis, por el otro lado, está haciendo un planteamiento político en una emisora de televisión que probablemente no le dio el permiso para hacerlo.

Así, la televisión adquiere inesperadamente el carácter de un exhibidor donde, por una parte, el observador atento descubre los valores que se intentan imponer o subvertir en un tema en particular y, por el otro, el gran público que recibe y consume pasivamente, sin reflexión, estos mismos contenidos, se forma en dichas prácticas.
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